dijous, 14 de gener del 2010

Tenemos frío

Tenemos frío, mucho frío.
La vuelta al invierno cuesta de encajar.
Parafraseando a algunos compañeros me atrevo a decir que queda atrás un mes entero en el que hemos sudado y reído. Hemos sufrido y hemos llorado. Hemos pensado, hemos reflexionado. Hemos trabajado mucho y nos hemos sentido a veces alegres, a veces decepcionados. A veces tristes, pero muchas veces plenos. Otras veces impotentes ante la fatalidad y esto hay que aceptarlo. Pero tenemos la oportunidad de quedarnos con lo mejor de esta aventura africana; su gente.
Hemos cruzado el desierto para llevar ayuda humanitaria a Maghama en Mauritania.
Hemos conducido días y días por carreteras inhóspitas para acercar dos mundos. Hemos viajado más de 8000 kilómetros para intentar devolver a la tierra de donde venimos parte de lo que le expoliamos. Intentamos cerrar un círculo infinito y aunque sabemos que no podemos concluirlo hacemos camino al andar.
Las voces burbujeantes de gentes como Amadou Kan, Babanja, Umar thiam, Aissata Wan, y tantos otros resuenan para siempre en nuestro interior. Su mirada expectante al vernos llegar no supera la visión de aceptación que tienen de la vida y de su realidad. Llegamos para ayudar sí, pero la existencia en esta zona subsahariana del Sahel es calmada, a veces resignada con la condición de pobreza pero siempre alegre, muy alegre.
La experiencia es un grado, dicen, y esta vez y pese a los contratiempos ,la concreción de los trabajos de ayuda ha sido más eficiente que en otras ocasiones. En esta expedición hemos tratado médicamente a 640 personas, hemos realizado 390 consultas dentales, hemos entregado y colocado 70 prótesis, hemos recogido de las calles y llevado al vertedero más de 22.000 Kg. de escombros de basura, hemos creado un huerto con energía solar y con agua de pozo.
Este huerto es un símbolo. No hubiera sido posible sin los medios técnicos de occidente, pero tampoco sin la ilusión africana,…¿Quién se puede imaginar a alguien en la Europa de hoy en día cavando un pozo a mano?. Allí lo han hecho. Es un pozo precioso del que brota el agua a unos 25 metros de profundidad. Se queda allí para dar vida, para probarles y probarnos que con un solo interruptor, de una manera limpia y eficiente podemos utilizar el “riego solar” para obtener una mejor alimentación. Que el consumo innecesario de agua y de energía es un lastre para todos. Que la optimización de los recursos es una necesidad global de verdad. Que sin compromiso personal nada puede realizarse.