Tenemos frío, mucho frío.
La vuelta al invierno cuesta de encajar.
Parafraseando a algunos compañeros me atrevo a decir que queda atrás un mes entero en el que hemos sudado y reído. Hemos sufrido y hemos llorado. Hemos pensado, hemos reflexionado. Hemos trabajado mucho y nos hemos sentido a veces alegres, a veces decepcionados. A veces tristes, pero muchas veces plenos. Otras veces impotentes ante la fatalidad y esto hay que aceptarlo. Pero tenemos la oportunidad de quedarnos con lo mejor de esta aventura africana; su gente.
Hemos cruzado el desierto para llevar ayuda humanitaria a Maghama en Mauritania.
Hemos conducido días y días por carreteras inhóspitas para acercar dos mundos. Hemos viajado más de 8000 kilómetros para intentar devolver a la tierra de donde venimos parte de lo que le expoliamos. Intentamos cerrar un círculo infinito y aunque sabemos que no podemos concluirlo hacemos camino al andar.
Las voces burbujeantes de gentes como Amadou Kan, Babanja, Umar thiam, Aissata Wan, y tantos otros resuenan para siempre en nuestro interior. Su mirada expectante al vernos llegar no supera la visión de aceptación que tienen de la vida y de su realidad. Llegamos para ayudar sí, pero la existencia en esta zona subsahariana del Sahel es calmada, a veces resignada con la condición de pobreza pero siempre alegre, muy alegre.
La experiencia es un grado, dicen, y esta vez y pese a los contratiempos ,la concreción de los trabajos de ayuda ha sido más eficiente que en otras ocasiones. En esta expedición hemos tratado médicamente a 640 personas, hemos realizado 390 consultas dentales, hemos entregado y colocado 70 prótesis, hemos recogido de las calles y llevado al vertedero más de 22.000 Kg. de escombros de basura, hemos creado un huerto con energía solar y con agua de pozo.
Este huerto es un símbolo. No hubiera sido posible sin los medios técnicos de occidente, pero tampoco sin la ilusión africana,…¿Quién se puede imaginar a alguien en la Europa de hoy en día cavando un pozo a mano?. Allí lo han hecho. Es un pozo precioso del que brota el agua a unos 25 metros de profundidad. Se queda allí para dar vida, para probarles y probarnos que con un solo interruptor, de una manera limpia y eficiente podemos utilizar el “riego solar” para obtener una mejor alimentación. Que el consumo innecesario de agua y de energía es un lastre para todos. Que la optimización de los recursos es una necesidad global de verdad. Que sin compromiso personal nada puede realizarse.
dijous, 14 de gener del 2010
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